1 de Mayo.- El día más feliz de mi vida

Por Emilio García Montiel

El tema de la composición era “El día más feliz de mi vida” y nos fue anunciado al iniciar el concurso. Después de cavilar un rato, concluí -y escribí- que mi mayor felicidad no cabía en un día, sino en siete: los de aquella semana que pasé con mi familia en una cabaña en Varadero (“ganada” por un tío o una tía en su centro de trabajo) y donde me divertí jugando con mis primos, bañándome en la playa más linda del mundo, caminando sobre la arena más blanca del mundo y, sobre todo, comiendo saladitos de jamón y queso y tomando refrescos y jugo de guayaba. Días después, la maestra detuvo la clase para anunciarnos que el primer premio del Concurso de Redacción Municipal de Cuarto Grado del Municipio Cerro había sido otorgado a nuestra escuela… y a nuestra aula. No me sorprendió (ni a nadie) que lo hubiera obtenido Grisell, la mejor alumna. Tampoco que a Grisell –la maestra nos leyó su composición, emocionada- le hubiera conmovido verse envuelta en el “mar de banderas rojas” que cubría la Plaza de la Revolución, mientras miles y miles de cubanos oían y aplaudían a Fidel y regresaban a sus casas cantando himnos. (Menos, por supuesto, que mi tema familiar no hubiese sido tan apasionante como su tema patriótico). Lo que nunca entendí fue, sin embargo, que levantarse temprano y pasarse tantas horas en la Plaza de la Revolución un Primero de Mayo hubiera sido el día más feliz de su vida, pues, como cualquier niño sabe -incluso un niño revolucionario-, la única alegría de un Primero de Mayo (o de cualquier otra fecha de conmemoración nacional) es que no tienes que ir a clases y puedes quedarte en la casa jugando.