El batazo de Castro y la liberación aberrante



Por Joan Antoni Guerrero Vall
Raúl Castro ha dado un batazo (*)... pero vamos a aguarle la fiesta. Eso seguro. Y, ¿por qué digo que el dictador ha dado un batazo? Pues bien, no está de más repetir nuevamente aquí que la liberación de 52 presos políticos cubanos, como se ha publicitado, es un engaño zarrapastroso. Una liberación incondicional, que sería lo normal, que representaría el verdadero avance, implicaría que el mismo día en que se anunció la noticia estas personas pudieran salir a la calle. Algo que así no se ha producido todavía, ya lo dije en otro post.

A una liberación no se le puede dar una planificación temporal como se pretende en esta operación, además por un dilatado espacio de cuatro meses. A la libertad no se le pone calendario, esos hombres nacieron y son libres, y el Estado represivo castrista no es nadie para distribuir el tiempo de sus vidas. No pueden seguir ejerciendo de dueños de esas almas ni de ninguna otra. Todos deberían estar fuera ya. Una vez reconocido el hecho de que esas personas están en un sitio que no les corresponde, deberían ser liberadas de inmediato.

Pero está bien claro que lo pactado por la dictadura, la Iglesia Católica y el gobierno español es un destierro, el exilio, la patada en el culo, la exclusión por razones ideológicas. En otras palabras menos amables: una limpieza ideológica y de disenso. Estos exilios, a pesar de que por circunstancias puedan ser aceptados por algunos presos —decisión que debe respetarse siempre—, no son más que un triunfo de los bárbaros, de los castristas y sus socios en todas estas fechorías, Jaime Ortega y Miguel Ángel Moratinos. Todo lo que estamos viendo estos días es un disfraz a la vulneración de varios derechos humanos a todo un colectivo. Y el problema más grave es que mediáticamente se está asimilando que para los cubanos no quedaría otra opción, da la impresión de que Cuba es el único lugar del mundo donde la diferencia ideológica no es admitida.

Pues no señor. Los cubanos que quieran luchar contra la dictadura por medios pacíficos tienen todo el derecho de seguir residiendo en esa Isla, tienen pleno derecho de entrar y salir cuando les dé la real gana. Ellos y cualquier otro cubano. Opinar diferente no es un delito y cualquier gobierno que lo quiera convertir en delito es un gobierno ilegítimo, como lo es, sin lugar para la mínima duda, el régimen castrista. Los ciudadanos españoles, además, debemos pedir cuentas a nuestro gobierno por dar cobertura a estas expulsiones de territorio nacional por cuestiones ideológicas.

Aquí el problema, además, es que Moratinos está usando las instituciones democráticas españolas para dar cobertura a una dictadura que, repetimos, pisotea, atropella y degrada los derechos de millones de personas. Lo de Moratinos es una vergüenza y los ciudadanos españoles, demócratas convencidos, debemos mantener una actitud de oposición a esta falsificación de los valores que queremos defender.

El batazo tiene que ser de los demócratas, en ningún caso del dictador.

(*) Nota del autor: en el béisbol, en Cuba, un batazo sería equivalente a una buena jugada.

1 comments:

Marta Farreras dijo...

excelente articulo !! con muchas verdades y a la vez muy entendible