Hasta la extinción del proceso homeostático

Raul Castro ha hablado en el Congreso. Un Congreso que pone los puntos sobre las íes y los pelos de punta. Se hacen algunos cambios para qe aquello aguante al menos cinco años más tal y como está. El período justo por el cual el "líder" tiene la intención de permanecer en el poder.

Anuncia algunas medidas que van muy bien para que los enviados especiales envíen a las teles extranjeras el mensaje de que en Cuba hay avances y cambios hacia algo positivo: limitar la duración de los cargos políticos (justo a proposición de un individuo que quiere morir con las botas puestas) y protección garantizada a los "más desfavorecidos" (nadie se pregunta, ni quiere ir más allá, ni tampoco indagar sobre qué calidad tendrá esa protección, ni de qué se tratará realmente).

Se reitera que la educación y la sanidad es gratuita. Lo de siempre. Los periodistas cogerán estas ideas y se irán. Luego nadie va hacer seguimiento del asunto. Da igual que las medidas anunciadas funcionen o no, sean efectivas o no, la cuestión es continuar alimentando la ilusión y el espejismo revolucionario. Se habla de dar créditos pero nadie se pregunta de dónde van a salir los fondos. Se habla de aumentar el trabajo por cuenta propia, pero nadie se pregunta con qué van a montar sus negocios los "emprendedores" cubanos que tienen que esperar que el Estado les suministre los recursos para iniciarlos. ¿Y de dónde van a salir?

Tampoco nadie se pregunta los márgenes de beneficio para unos emprendedores que, partiendo de precarios negocios, tienen que soportar una presión impositiva brutal que, además, no se justifica por el nivel de prestaciones recibidas por parte del Estado. ¿Para qué sirve vivir en un país como Cuba, donde sólo se trabaja para alimentar a un Estado ineficiente y que es incapaz de resolver las necesidades básicas?

Al final de su discurso, Castro recupera los lemas contra los disidentes, los llama contrarrevolucionarios, los señala como enemigos. También se dirige a la prensa y sin ser periodista les dice lo que tienen que hacer. No hay respeto al profesionalismo. Típico de las dictaduras. No hay profesionales en los regímenes autoritarios, sólo individuos que trabajan para mantener la estructura de poder, el andamio sobre el que se soporta la élite.

Los cambios podrían durar cinco años "por lo menos", subraya el dictador, para luego añadir que tampoco vayan a creer los cubanos que los cambios señalados van a ser "el remedio universal a los problemas de Cuba". Entre el retrato de la situación que hizo y las expectativas de futuro que anunció lo más sensato que podrían hacer todos ellos es irse. Cuba necesita que la madre naturaleza le eche una mano. Si nadie los retira antes, la única esperanza es que pronto llegue la extinción del proceso homeostático para todos ellos y que se cumpla el dicho de que muerto el perro se acabó la rabia.