La noticia del derrumbe en Centro Habana ha pasado casi desapercibida en Cuba y, de paso, en todo el mundo. Sólo la evidencia de los múltiples mensajes de blogueros en las redes sociales permitió que, finalmente, el régimen tuviera que darle una modesta publicidad, cuando ya habían pasado más de quince horas desde que se había producido la tragedia. Al día siguiente la oficina de una compañía de transferencia de divisas en La Habana fue asaltada. También nos enteramos del suceso, afortunadamente, gracias a blogueros y tuiteros independientes. Este percance ya no llegó a la prensa oficial.
Cuba es un territorio amplio en noticias de sucesos, en crónica negra, pero si lo es, no se percibe en los medios oficiales donde, al parecer, ese género periodístico debe estar considerado un peligro contrarrevolucionario. Eso es así si es que quien lo quiera practicar lo intenta hacer en la misma Isla. Lo que de trágico sucede allén de los mares sí que encuentra, en cambio, su espacio en la prensa gubernamental, dispuesta a exhibir las desgracias ajenas, para ocultar sin sonrojarse las propias. (+ seguir leyendo en Martí Noticias)
