Realmente es rocambolesca la historia detrás de la deserción hacia Estados Unidos de la hija del vicepresidente cubano Marino Murillo, de la que hoy El Nuevo Herald ofrece detalles. La familia niega que su deserción sea por motivos políticos y resulta que la chica se fue a Florida, cruzando la frontera ilegalmente, para estar junto a su supuesto novio (porque además parece que en La Habana tiene un marido ¡!). Si su huida no fue por motivos políticos, quizás habría sido mejor que la hija de -ni más ni menos- un vicepresidente del régimen castrista hubiese practicado con el ejemplo y se hubiese quedado en la Isla de todas las gratuidades. Así, en lugar de cruzar la frontera ilegalmente por México, se podría haber casado con ese novio, facilitarle los papeles para que fuera a vivir felizmente a Cuba con ella, salvándolo de las entrañas del Imperio, y poder disfrutar de todo lo que esa Isla da gracias a las políticas que su papá y compañía implementan.