Casi dos millones de catalanes reclamaron este 11 de septiembre el derecho a decidir en una marcha histórica por el centro de Barcelona con lema independentista, Catalunya, nou Estat d'Europa (Catalunya, nuevo Estado de Europa). Más allá del debate ideológico en torno a la independencia, más allá de las absurdas discusiones manual-de-historia-en-mano que algunos siempre están dispuestos a encender para negar un sentimiento nacional y de pertenencia a una comunidad (todos somos de algún lado, nos guste o no), hay que aplaudir al pueblo catalán, que una vez más ha dado una muestra ejemplarizante de lo que es unidad entorno a un sentimiento común y comportamiento cívico (a excepción de unos don nadie que quemaron tres banderas en un rincón perdido de la ciudad). Hay imbéciles que dicen que el nacionalismo es cosa de idiotas. Normalmente son idiotas que negando un nacionalismo no hacen más que aupar a otro distinto, el suyo. En Madrid hay muchos que no se reconocen como nacionalistas españoles, pero les pone el "Una, Grande, Libre" mientras escriben naZionalistas (con zeta) cuando se refieren a los catalanes. No hay cosa más Nazi en la Península Ibérica que el pasado sangriento y de terror que nos sugiere Hispania, con la expulsión de los judíos, la instauración del tribunal de la Santa Inquisición, la conquista, expolio y exterminio en el Nuevo Mundo.
Repito. Cuando casi dos millones de personas salen a las calles a reclamar lo que consideran que es suyo, lo que creen que es justo, en ejercicio de su derecho a manifestarse y a expresarse libremente, lo mínimo que deben hacer sus opositores es escuchar con respeto e incluso me atrevería a decir que también sentir admiración por el ejemplo de civismo que se ha dado. No me hablen de reyes y reinas, Católicos, Apostólicos y Romanos, condados, antiguas guerras o batallas, hablénme de la gente llana, del pueblo, de aquellos dispuestos a unirse para lograr un futuro mejor para sus futuras generaciones. Así pues, y vuelvo a reiterar, el pueblo catalán es hoy ejemplo. No hay nada mejor que sentir algo de orgullo de tus orígenes para construir un futuro en conjunto que conduzca al progreso. Es la construcción colectiva de la felicidad.