Fernando Ravsberg ha publicado un artículo en el periódico español Público en el que saca de contexto algunas afirmaciones que hice en un artículo de opinión que publiqué el jueves en Martí Noticias. El periodista afirma que mi texto pone en duda las credenciales democráticas del PP. Pues bien, no considero haber puesto en duda estas credenciales. En todo caso, en la situación particular de Cuba, afirmo que el gobierno del PP estaría jugando al "mal demócrata", pero es que además, mi crítica debe leerse en conjunto:
La auténtica solidaridad, aquella que cuenta, es la que parte de una inquebrantable voluntad por defender la democracia y la libertad, algo que puede sonar grandilocuente y a veces incluso naïf. La democracia es una lucha diaria y cada cuál, en su comportamiento cotidiano, la va construyendo. Porque no solo vale autodenominarse demócrata, hay que mirarse al espejo cada día y evaluarse cada día. Es casi una religión, una fe.
En este sentido, el gobierno español del PP está actuando como un mal demócrata al no cumplir con su promesa de invitar este 12 de octubre a los opositores cubanos a la Embajada de España en La Habana con motivo del Día de la Hispanidad. Como sede que representa en Cuba a los ciudadanos españoles, que contribuyen con sus impuestos a su existencia y mantenimiento, la decisión del gobierno de Mariano Rajoy ofende a todos aquellos que sí estamos convencidos de que vale la pena apoyar a los demócratas cubanos sin doblegarse ni lo más mínimo ante las exigencias de un gobierno ilegítimo como es el castrista. Y mucho menos si la contrapartida no supone ningún tipo de mejoría para la situación de los cubanos en la Isla.