¿Por dónde y quién empieza la investigación internacional sobre la muerte de Payá?

Esperanza Aguirre considera una «tortura» lo que ha pasado Ángel Carromero
Foto ABC

Esperanza Aguirre ha pedido hoy que se realice una investigación internacional sobre la muerte de Oswaldo Payá. Es una demanda que concuerda con los deseos expresados en reiteradas ocasiones por parte de la familia del opositor, así como el movimiento que lideró, y gran parte del exilio cubano.

El problema es que el partido de Aguirre firmó algún tipo de documento en el que, al parecer, se daba por buena la instrucción del caso de Ángel Carromero en Cuba. Esto quiere decir que no va a ser el gobierno español el que, después de esta acción, pueda defender la apertura de una investigación internacional.

Luego está el problema añadido de que una investigación así requeriría cierta colaboración por parte de las autoridades que son cuestionadas, las cubanas, y está claro que no parece que nadie pueda convencerlos para que abran las puertas de la Isla y se realice la investigación pertinente con garantías.

Está bien que Aguirre reclame esa investigación internacional, pero más importante es que se pueda determinar quién tiene que impulsarla, a quién hay que pedirla, quién debe actuar para que se lleve a cabo, a qué instancias hay que recurrir, es decir, qué es lo que debe ponerse en marcha para que de las declaraciones pasemos a las acciones concretas que, al fin y al cabo, es lo que nos interesa.

A pesar de todo, recordemos que estamos tratando con una dictadura y por supuesto no está claro que podamos ir muy lejos en el esclarecimiento de los hechos. Lo mejor sería que Ángel Carromero declarara la verdad, que se presentara junto a Aron Modig en rueda de prensa en Madrid, y que ambos aclararan todos los extremos que no están resueltos.

Esas dos personas estuvieron en los momentos previos a la muerte de Oswaldo Payá. Sus testimonios son fundamentales para saber si el asesinato que muchos tememos se puede confirmar sin dudas. Sus dos testimonios son más válidos que cualquier prueba que pueda aportar la dictadura, acostumbrada a ocultar la verdad de mil y una maneras. Y es que no hay que dudar nunca de la maldad que guía las operaciones de una dictadura.