Por Joan Antoni Guerrero
Los modelos sociales que excluyen esta posibilidad, los sistemas como el castrista que necesitan separar y aislar a las personas, marcar terrenos, expulsar, desterrar, cerrar puertas, exigir permisos de entrada y salida, luchar contra emisiones radiales externas, acabar con la recepción de señales televisivas foráneas, prohibir la distribución de prensa extranjera, interceptar en la aduana libros y revistas no autorizadas, no es que sean modelos condenados al fracaso, es que son ya modelos que consideramos directamente -y sin temor a equivocarnos- inhumanos.
Así es que el castrismo lucha hoy, como lo ha hecho desde 1959, contra lo humano. Hablaba ayer en un artículo para Martí Noticias sobre las interesantes apreciaciones de Dolors Reig sobre la educación y la incidencia de las nuevas tecnologías en este terreno. Está claro que la educación castrista se basa en un modelo tradicional que implica la elaboración de unos contenidos por parte de la institución, el Estado. Si los modelos educativos transitan finalmente hacia un nuevo modelo basado en la conectividad global, si el crecimiento personal, académico y profesional depende del estar a un click de todo el mundo, cabría preguntarnos ¿a dónde van a parar las formas de aprender tradicionales?
Al mismo tiempo, a los regímenes autoritarios como el de Raúl Castro se les avecina otro problema. Seguir limitando la conectividad a los ciudadanos (recordemos que hoy en Cuba es de un 3%, controlada y censurada) implicará poner el freno a cualquier crecimiento económico, social o educativo. Imaginemos que en España o Francia los gobiernos estuvieran preocupados ahora mismo en la forma de crear una Intranet para que interactuaran sus ciudadanos en una especie de red para internautas encerrados en sí mismos con límites a la información llegada desde otros países. Hoy por hoy una Intranet es más manejable para los autoritarismos, dada la mayor posibilidad de control sobre los contenidos.
Castro quiere trasladar al ciberespacio la idea del "pueblo combatiente", pero no es lo mismo el espacio físico que el virtual. Es inimaginable que todos los internautas de un país alaben a su presidente. Es inhumano, diría, que todos los internautas de un país consideren que la política de su gobierno es buena. Es irreal y ficticio que todos los internautas de un país tengan una opinión coincidente con la cúpula de un gobierno. Además de inhumano, irreal y ficticio es algo que camina en dirección contraria a Internet, porque viola la esencia número uno de la red de redes que es la diversidad y multiplicidad de fuentes informativas y de opinión.
Es por todo esto que el castrismo o triunfa en su empeño de convertir a los cubanos en robots programados ante computadoras o simplemente, tarde o temprano, fracasará en este terreno. No se puede luchar contra lo humano.