Después de la muerte de Orlando Zapata, muchos de los intelectuales que toda la vida habían apoyado u optaban por no denunciar la brutalidad del gobierno cubano, dijeron basta. No pudieron guardar más ese beneficio de la duda que se le concedía por el hecho de haberse declarado ejecutor del bien de la causa de los pobres del mundo. Esto a Fidel debió haberle molestado, porque a lo largo de su vida ha sido capaz de realizar actos que no enmarcaríamos para colgar en nuestro salón, pero siempre acompañados del beneplácito de los intelectuales progresistas.H/T: Penúltimos Días.
Las declaraciones contra la muerte de Zapata muy probablemente hayan sido de profunda preocupación para su entorno por la mala imagen ofrecida. En estos tiempos de comunicación inmediata, la imagen es esencial para sostener un gobierno de poder absoluto basado en la dinastía familiar.
¿Por qué nos cuesta tanto condenar cualquier exceso, crimen, violencia o abuso, cometido por un individuo que se autoproclama de izquierdas, revolucionario o comunista?
¿Qué parte de nuestro cerebro se anula o se narcotiza a la hora de denunciar estos crímenes?
Aquí, en un vídeo en A mano limpia, con Oscar Haza.