En su opinión, sólo cabe esperar "una muerte lenta del régimen" que permita descubrir su "extrema debilidad" y dé paso al "cambio" sin gran esfuerzo, como ocurrió con la caída de los regímenes comunistas de la Europa del Este en los años 80.
Así se ha pronunciado ante la Comisión de Asuntos Iberoamericanos del Senado, ante la que ha comparecido en su calidad de presidente de la Fundación Euroamérica, cargo que acaba de ceder a la ex comisaria europea Benita Ferrero-Waldner.
Solchaga ha considerado que la situación actual de Cuba es "todavía peor" que en 1993 -que ya era mala, ha dicho- en términos de "disponibilidad de recursos, liquidez internacional, creación de riqueza y nivel de bienestar".
Y esta situación es la que obliga al Estado "totalitario" a hacer determinadas cosas, como permitir que "un cubano le dé trabajo a otro", cuando el 50 por ciento de la población no tiene un empleo porque sólo está permitido que el Estado o una empresa estatal proporcione puestos de trabajo.
En su opinión, estos cambios que se están produciendo en Cuba ocurren "mucho más como consecuencia de las necesidades que no por las virtudes de los mandatarios" a los que se debería denominar, ha matizado, "mandadores".
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