(Publicado en El Catalán, mi blog en Gaceta de Cuba)
En el 2003 participé en muchos cacerolazos y protestas en Barcelona contra la guerra en Irak, nunca por una intención de mostrar mi apoyo hacia el dictador Sadam Hussein. Creo que de eso no puede haber ninguna duda. Vivía entonces en el Raval y allí nos mezclábamos con muchos árabes de la calle Hospital. En la capital catalana se respiraba desde hacía tiempo un ambiente muy contrario a la guerra, a la vez que muy contrario a todo lo que llevara el sello de Estados Unidos.
El 'no a la guerra' de entonces regresa ahora. Después de varias semanas de noticias sobre el conflicto en Libia y de muchas informaciones sobre la inocultable masacre de Muamar Gadafi contra el pueblo libio (hoy un teletipo de Reuters nos habla de que el dictador habría causado 8.000 muertos entre civiles) regresa el lema del No a la guerra. Hoy como ayer este lema se erige contra los Estados Unidos y países aliados. La diferencia está en que mientras en Irak no había una masacre previa del dictador contra el pueblo, en esta la intervención se produce cuando ya el saldo de víctimas causadas por Gadafi se eleva a miles y amenaza en multiplicarse.
A pesar de esta demostrada ansia sanguinaria del dictador libio, ha sido necesario que Estados Unidos entrara en escena para que sólo entonces nuestros viejos amigos pacifistas se hayan decidido a desempolvar su antiguo lema. Sé, porque los conozco, que a muchos les mueve más su antiamericanismo que no su impostada sed de paz.
((Aclaración: Alguien que ha leído este post me acaba de preguntar si todavía tengo un sentimiento 'anti-USA'. Sólo quiero aclarar que yo nunca he tenido ese sentimiento.))