Por una de estas maravillas de Internet, que te permite estar donde en realidad no estás (léase Live Stream), ayer me pasé un rato escuchando a los panelistas que intervinieron en las jornadas Liberation Technology and Democracy del Human Rights Center, que acogió por estos días la University of California Bekeley. Parte de las intervenciones se dedicaron a analizar el uso de las herramientas digitales en el mundo árabe para la movilización en las últimas revueltas. Lo que está por ver, según algunos de los expertos que intervino, es el papel que a partir de ahora van a desarrollar estas herramientas digitales en la consolidación de las reformas en todos estos países para imprimir en todos los cambios un carácter democrático.
Otro de los ponentes, el chino Quiang Xiao, del China Digital Times, mostró la situación actual del medio ambiente comunicativo en la China, donde la comunicación sigue dominada y centralizada por el Estado, aunque se va abriendo paso la acción de los activistas en el interior del país asiático. A éstos se les suman los activistas en el exterior, contra los cuales existe la gran censura del Great Firewall. Pero, a pesar de ello, Xiao lanzó a la audiencia un mensaje de esperanza sobre los logros que todavía son posibles para romper el bloqueo informativo de los Estados autoritarios a partir del activismo digital. Y con esa idea me quedo, con la de los beneficios a largo plazo del "the sandpile paradigm" aplicados al activismo digital. Xiao lo representó con esta imagen:
Sólo por esto creo que es necesario no desalentarse nunca en este terreno. Y eso a pesar de que otro de los panelistas, John Black, de la University of Colorado, mencionó los recursos de los Estados para combatir el activismo digital, entre los cuales observamos algunos ya empleados por el régimen castrista a la hora de combatir la blogosfera alternativa en Cuba o al periodismo independiente: la violencia física (arrestos y encarcelamientos), el uso de software (para establecer filtros en la navegación, bloqueo de páginas, introducción de malware), así como la aplicación de métodos de ingeniería social (aplicados ya en la Alemania nazi y intensivamente usados en la Cuba de los Castro).