"Sabemos que el cable [el tendido entre Venezuela y Cuba] no es la solución mágica a nuestros problemas de conectividad, pero sí que mejorará las comunicaciones y que, al beneficiar a muchos, se cumplirá también en nuestro caso la regla consabida de que los valores en red se fortalecen.
Y creo sinceramente que 11 millones de ciberactivistas con los valores de la Revolución cubana generan más pánico en el gobierno de los Estados Unidos que el fantasma de Julian Assange multiplicado."