Por Joan A. Guerrero Vall
En los últimos años se han multiplicado las posibilidades de producir mensajes masivos saltándose todo tipo de filtros, ya sean estatales o corporativos. Ahora bien, al mismo tiempo se han multiplicado los métodos a los cuales los regímenes autoritarios, como por supuesto el castrista, pueden recurrir cuando les apremia la necesidad de poder interceptar aquellos mensajes que las voces no autorizadas por el sistema logran difundir más allá del territorio nacional, aquel que antiguamente tenían tan bien controlado. Se puede bloquear por lo sano parando directamente el mensaje no conveniente, como ha intentado hacer el castrismo desde sus inicios, pero también existen otros métodos, como el iniciar campañas de desprestigio contra el mensajero. En este caso, se puede afirmar que el régimen castrista ha desarrollado una tarea ejemplar.
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