En su blog de El Economista, Zoé en el metro:
Hay gente que todavía oye los discursos de las Urracas Castro con avidez y esperanza. Yo no. Es que creo que jamás he terminado de escucharlos del todo, aunque luego he tenido que leerlos obligado. Todavía hay quienes esperan algo. Yo nada. Pero tampoco me dedicaré a matarle los sueños a nadie, aunque yo ya ni siquiera tengo. no ya sueños, ni siquiera lágrimas.
Le han preguntado al pueblo en las calles, de manera clandestina, por supuesto, si es que ellos querrían cambios. Y el pueblo ha contestado con miedo, trastabillando, con la lengua tropelosa, mirando hacia ambos lados constantemente, pero al fin han dicho que sí, que hay que cambiar algo. Lo único que hay que cambiar es a los Castro. Pero todavía no hay un pueblo con cuatro cojones en Cuba que lo grite y lo exija abiertamente. Entonces, que sigan con los Castro, y que les den cambiecitos a cucharaditas. A ver, nené, bébete tu cambiecito que te da Papá Raulito.