Por Joan A. Guerrero
Me es un tanto difícil acabar de posicionarme respecto a lo que supone la #spanishrevolution. Hay cosas que me gustan y otras que no tanto. Para empezar diré que lo que me gusta mucho es que sea un movimiento generado desde la red y que nos muestra el poder que las herramientas digitales están dando a las personas. Por eso he pensado siempre que las redes son un instrumento fantástico para el perfeccionamiento de la democracia, la participación, la reflexión, la discusión y el debate.
Esta capacidad de respuesta que tienen las redes ante un hecho de actualidad y la articulación de un movimiento ciudadano frente a algún abuso de la autoridad competente hace, a mi modo de ver, que exista menos impunidad en la esfera pública de poder. Cuanto menos control exista sobre los circuitos de difusión de la información, menos posibilidad tendrán los que detentan este poder la capacidad de tapar sus fallas. Con lo cual pienso que es algo bueno y saludable para una gestión responsable de los asuntos públicos.
Con el movimiento del #15M han explotado alegremente los derechos de libertad de expresión, de reunión y de manifestación, ampliamente respetados además por las autoridades que de forma sabia han accedido a que la protesta siga y todo ello a pesar de que la Junta Electoral haya considerado que no podían celebrarse más concentraciones por una posible influencia en las elecciones de este domingo en España.
Por esta vertiente es que pienso que el lema falla porque lo que es indudable es que sí gozamos de una democracia plena, lo que no quiere decir perfecta, pero sí perfectible, con margen suficiente para que todo el mundo encauce su voluntad de trabajar por el bien común. Otra cosa distinta es indignarse y atacar a aquellos que pervierten nuestra democracia, políticos con actitudes más que reprochables.
También es cosa distinta que exista indignación contra lo salarios bajos, el precio de la vida o las condiciones de trabajo... existen razones para el descontento, pero de ahí a señalar que vivimos en una dictadura va un camino largo. Sobre todo si tenemos en cuenta que por menos en países como Cuba un opositor se pudre en la cárcel o en Siria, donde mientras en la plaza del Sol de Madrid se montan asambleas, comisiones y se siembran huertos, centenares de personas mueren bajo el fuego de un régimen opresor. De una dictadura -esta sí- real, donde el disidente tiene que desaparecer.
No siempre detrás del grito de 'Revolución' hay una buena intención o una idea acertada. Como tampoco tiene que haber detrás de esa palabra sistemáticamente un pichón de dictador.
O sea, no siempre detrás del grito de Revolución hay una buena intención o una idea acertada. Como tampoco tiene que haber detrás de esa palabra sistemáticamente un pichón de dictador. Por eso nos basta con la palabra democracia y lo que representa. El espacio en donde cabe todo el mundo y en donde las opiniones más dispares conviven y se baten en elecciones libres, como las de mañana.
Lo que está claro es que no hay que temer que miles de personas ejerzan sus derechos fundamentales como son los de manifestación, reunión y libre expresión. Sólo las dictaduras y los autoritarismos temen a eso.