22 julio 2011

Ladrones disfrazados de custodios

Por Iván García (*)

No es un mal negocio ser vigilante en Cuba. De hecho, existen varias firmas controladas por empresarios militares que se dedican a proteger bienes. Desde hace años, para impedir el robo descomunal que tranquilamente sale por las puertas de fábricas, hoteles y centros de elaboración de alimentos, cuerpos armados del país crearon varias compañías de protección y seguridad.

Estos organismos también se encargan de trasladar moneda dura en camiones blindados. Portan armas largas para desalentar cualquier intento de asalto. Que se han dado. A fines de los años 90, hubo atracos a camiones que transportaban billetes verdes.

Como en las películas de Hollywood. Antifaz, pistolas Makarov en mano y escopetas de caza. Según Oscar, guardia de seguridad que se dedica al traslado de dinero y joyas, una vez un grupo de custodios se puso de acuerdo y después de desvalijar un camión cargado hasta el tope de dólares, en una embarcación de aluminio y madera, armada a la carrera, pusieron proa rumbo Miami.

Cualquier empresa que produzca o almacene alimentos, está en el colimador de las personas que especulan con comida. Se sabe que en 52 años de revolución, debido a la escasez de comestibles, el negocio de los alimentos es altamente lucrativo.

Siempre falta algo. Ya sea arroz, frijoles o pollo. Es cíclico. Por eso, quienes trabajan en mataderos de reses hacen plata en poco tiempo. En menos de un año, Arsenio se compró un Ford del 54 por 20 mil dólares. Reparó su casa, la de sus padres y la de sus dos amantes. Y aún le sobra pasta para invitar a sus amiguetes a beber cerveza en un café conocido como Pain de Paris ubicado en la Calle 100, Marianao.

Trabajar destripando vacas es uno de los trabajos más codiciados. “Hasta los limpiapisos hacen lo suyo. Al terminar la jornada todos salen forrados de carne vacuna. Por supuesto,  hay que “tocar” a los custodios para que voltean la cabeza para otro lado cuando sales”, cuenta Arsenio.

Ser vigilante en mataderos de aves o reses, empacadoras de carne, almacenes de alimentos o centros de elaboración de ahumados, es una verdadera mina de oro en Cuba.

Vale más que un titulo universitario. Puedes ganar en un día lo que un esforzado médico gana en un año. También se alimentan mejor que cualquier profesional. Casi todos los trabajadores con largo tiempo de labor en estos lugares,  poseen autos o motos, cadenas de oro 18 quilates y una billetera que apenas pueden cerrar.

A los vigilantes de centros estatales les pagan 15 dólares por concepto de estimulación, y a ratos les dan varios kilos de pollo y embutidos. También aceite comestible y aseo. Y una merienda los días que hacen guardias. Consiste en un pan alargado con unas lonchas finas de jamón y queso y un refresco enlatado. La mayoría la suele vender a 25 pesos o un 'chavito' (un peso cubano convertible, poco más de un dólar). Además, lo que se 'cae del camión', expresión que en Cuba significa 'lo que se pegue o se pueda robar'.

Rosa, quien hace guardia tres veces a la semana en un silo de cemento, religiosamente guarda en una alcancía los 25 pesos de la merienda que vende. Cuando puede, también sustrae  cemento, con una alta demanda en el mercado negro.

“Estoy reuniendo para  los quince de mi hija. Puede que no me alcance para una fiesta, pero al menos podré tirarle unas fotos y llevarla a comer a un buen restaurant”, comenta Rosa.

Los impagos de moneda dura por parte de las empresas especializadas en seguridad son proverbiales. Según Gerardo, custodio en un almacén mayorista de alimentos, es común que demoren hasta 6 meses en pagar el porciento en divisas al que tienen derecho. Aunque a Gerardo le tiene sin cuidado los 18 pesos convertibles que mensualmente debe cobrar.

Cada jornada de guardia a él le representa entre 600 y 1,000 pesos (25 y 40 dólares). A veces más. “Me llevo cualquier cosa. Conservas, arroz, frijoles, azúcar... Todo se vende rápido. La última noche que estuve de guardia, nos robamos dos cajas de atún enlatado. La dividimos a parte iguales entre los cinco custodios”, señala Gerardo.

Hay empresas o centros donde un vigilante no puede robar. “Desde hace meses estoy haciendo guardia en un edificio de oficinas. Llevo rato estudiando qué me puedo llevar. Sólo hay papeles y ordenadores. Hablé con el jefe de turno, si no me envían para un lugar donde se pueda ‘inventar’ (hurtar), pido la baja. Yo no estoy para pasar malas noches sin buscarme un centavo”, dice Andrés, visiblemente enfadado.

Suele ser la filosofía de muchos vigilantes, quienes  supuestamente deben cuidar los bienes del Estado. La crisis de valores en Cuba ha convertido el robo en una norma. Es difícil diferenciar ya entre ladrones y policías. Vaya lío.

(*) Iván García es periodista independiente en Cuba. Escribe para El Mundo y es autor del blog Desde La Habana