25 julio 2011

Los monstruos del radicalismo

"Soy un cazador de marxistas". Así se define el asesino confeso de Noruega que ha convertido ese pacífico país en un baño de sangre este fin de semana. Desde aquí no puedo más que expresar mi profundo pesar por la muerte de tantas personas inocentes, en unas condiciones tan terribles. Está claro que una de las luchas pendientes en el mundo actual es la de conseguir neutralizar los radicalismos y las ideologías del odio, que son las que dan cobijo a esta clase de monstruos. Nadie está exento de radicalizar sus posturas políticas, y es por eso que hay que saber encontrar el tono, el punto medio, el equilibrio, y no caer en extremismos nocivos para la convivencia de todos. Porque ese es el objetivo. Y no otro.

Entre izquierdistas y derechistas extremos me quedo con los auténticos luchadores por la democracia, aquellos cuyo objetivo no es perseguir a nadie por sus ideas sean cuales sean. Para mí la democracia no tiene otro sentido que el de querer dejarnos vivir en paz los unos a los otros. Hay que ser radical, sí, pero radical contra los radicalismos, los excesos ideológicos, que no conciben otro mundo mejor que aquel en el que su enemigo no exista. En esto ultraizquierda y ultraderecha coinciden.