En cuanto a Cuba, ante cualquier gran noticia o titular rimbombante hay que ir directo a la nota de pie de página. De hecho, debería ser prácticamente una obligación adjuntar algo parecido a un manual de instrucciones para entender, sin volverse loco, la realidad que esconden las medidas del "cambio". Hasta el momento yo insistiría en que más que cambio lo que se produce en ese país son extrañas mutaciones del mismo engendro, así que todo queda completamente igual, intacto, pero se ve distinto. Porque si bien se dice que los cubanos pueden comprar y vender casas, también es cierto que en Cuba no está reconocida la propiedad privada. Por otro lado, ¿cuáles serán las tasaciones de esas viviendas, muchas de ellas prácticamente en ruinas? Y es más, ¿quién tendrá el poder adquisitivo para comprar? ¿Y cómo justificará el origen del dinero o es que no tendrá que justificarlo? ¿Habrá cubanos que sin residir en la Isla y, por tanto, sin tener derecho a comprar una vivienda, sean tan temerarios de enviar dinero a Cuba para que alguien le compre un inmueble? Luego hay otra cuestión interesante en la que pensar, ¿a qué se destinará el dinero de estas transacciones? ¿Lo usarán los cubanos en la Isla para iniciar provechosos negocios privados con lo que se va a mejorar el aspecto de los timbiriches actuales o bien se fundirá todo en el consumo de los bienes que comercializa el régimen? Esta nueva medida no parece que vaya a revertir en beneficio de la economía del país. Eso sí habrá más dinero para gastar en las tiendas del carcelero. Lo dicho, necesitamos urgentemente leer con atención la nota al pie de página.
