12 febrero 2013

El castrismo emplea centenares de personas para atacar, hackear y adulterar la opinión en Internet

 

El hoy disidente Eliécer Ávila habla sobre su pasado como jefe de una división dedicada al monitoreo de Internet con fines ideológicos y que está  integrada por jóvenes comprometidos con el régimen 

Eliécer Ávila habla en una entrevista con Yoani Sánchez, colgada en Youtube, acerca de su participación en la Operación Verdad, como líder de una división dirigida al monitoreo de Internet con fines ideológicos. Explica que a principios del proyecto, hacia 2007, se empleó a unas 300 personas en este trabajo, haciendo seguimientos de 24 horas, con grupos de analistas encargados de elaborar respuestas para cada crítica vertida en Internet; estudiantes y funcionarios estatales participando en medidas de choque, atacando a personas críticas con el régimen para quitarles todo el crédito. El régimen castrista dispone de un plan para analizar los estados de opinión e incidir en ellos. Ávila asegura que no se arrepiente de lo que hizo y admite que, a raíz de lo que ha leído y vivido, tiene ahora otras opiniones.

Ingeniero en ciencias informáticas, productor del programa alternativo en Youtube 1 Cubano más, Eliécer Ávila mantuvo en 2008 un intercambio en la UCI con Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Fue líder del proyecto de vigilancia tecnológica y política de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), una de las especialidades de la llamada Operación Verdad, dedicada al monitoreo de Internet, la emisión de reportes y el combate cibernético.

Durante la entrevista, Ávila explica que se celebraban reuniones con militantes y cuadros de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de forma periódica en el Palacio de las Convenciones de La Habana. El ministro de Cultura Abel Prieto planteó en 2007 la puesta en marcha de un proyecto organizado en la UCI cuyo objetivo sería el de “transmitir al mundo la verdad que el gobierno planteaba de Cuba hacia el exterior”, así como la visión cubana sobre la cuestión de “los 5 héroes”.

Aunque este proyecto arrancó entre 2007 y 2008, “hacía tiempo que funcionaba”. Ávila se define en este proyecto como “el principal responsable” concretamente de una división de “vigilancia tecnológica” cuyo propósito era “saber en cada momento toda la información que se movía en torno a Cuba y a Fidel Castro”. El monitoreo podía cubrir las 24 horas del día. Otra línea de trabajo era la de “crear tecnología que pudiera posicionar webs del gobierno en los buscadores internacionales” o que en las búsquedas aparecieran webs oficiales y no otras.

El proyecto de la Operación Verdad funcionaba, señala Ávila, “como un todo”, con equipos de estudiantes y analistas que “conciliaban la respuesta para cada caso, ya fuera un blog o un debate que se generara”. Uno de los objetivos principales no era tanto el de replicar ni contradecir las críticas que se lanzaban sino más bien “todo se basaba en atacar a la persona, quitándole todo el crédito”, subraya.



El trabajo de las personas que participaban en el proyecto se medía con “metas productivas”, por lo que se debían elaborar reportes con la cantidad de comentarios y opiniones vertidas en blogs. Los componentes de la Operación Verdad eran “los más preparados y comprometidos ideológicamente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU)”.

En sus inicios el equipo estaba integrado por unas 300 personas, que garantizaban un control de la red durante las 24 horas del día. Se establecían turnos de trabajo, incluso en ocasiones especiales (elecciones en Venezuela, por ejemplo), noches y madrugadas para “seguir al detalle los estados de opinión o insertar matrices de opinión concretas”.

La división liderada por Ávila tenía acceso amplio a Internet y sin censuras ya que “se suponía que nosotros estábamos vacunados ideológicamente”. El equipo recibía incluso visitas de miembros del Consejo de Estado, de donde llegaban indicaciones concretas respecto a contenidos en la red que “no eran acordes a la moral revolucionaria”. En cualquier caso, asegura Ávila, el régimen actuaba bajo el principio de “a cada cual, su dosis”.

Ávila añade que todos los que participaban en el proyecto podían ser permeables a cierto “contagio” y, en su caso, se define ya entonces como “un rebelde dentro del sistema”. Dentro de su participación en el proyecto admite que fue suya la propuesta de formar un grupo de tres o cuatro personas que “profundizara” en tareas de hackeo, “para dejar fuera de combate sitios” considerados enemigos. Entre los blancos “fundamentales”, asegura, estuvo el portal de noticias venezolano NTN24.

Lejos de menguar, el proyecto de la Operación Verdad “se ha extendido”. El régimen promueve la aparición de blogueros que, a pesar de radicarse en un mismo lugar –como la UCI-, aparentemente se proyectan como individuos distribuidos por todo el país que realizan su tarea bloguera de forma espontánea y en defensa del gobierno, sin indicaciones. Pero no es así. Ávila manifiesta que esos blogs no tienen un origen espontáneo, ya que se deciden temáticas y los autores deben reportar datos de su “trabajo”, número de entradas, actualización, así como medidas para aumentar el tráfico de visitas.

Las actuaciones del régimen en Internet están perfectamente guiadas y pautadas, responden a necesidades ideológicas y su propósito es contestar las críticas y establecer filtros a la información. Ejemplo de ello es la plataforma Ecured, conocida como la Wikipedia cubana, a la que miembros de la Operación Verdad debían contribuir mediante la escritura de artículos, a pesar de que desconocieran la materia sobre la que trataban. “Había que escribir artículos mensuales para dar cuerpo a esa biblioteca”, afirma Ávila.

El ahora opositor considera que el régimen debiera “dar Internet” para que el pueblo, en caso de considerarlo oportuno, defendiera lo que quisiera, pero “a título individual”. Ávila se preguntaba ya entonces por qué razones en Cuba “nada podía ser espontáneo”. La respuesta dada es que el régimen consideraba que ante la llegada de Internet el país debía estar “preparado” estableciendo filtros a la información, tanto la que llegaba del exterior, como la que salía de Cuba hacia el exterior. “Todo tenía que ser depurado, tanto de entrada como de salida”.

Yo lo primero que tengo que decir es que no tengo muchas cosas de las que arrepentirme porque, en aquel momento, hice lo que según mi conocimiento y mi formación debía hacer. Y estaba muy consciente de lo que estaba haciendo. 

El disidente no se arrepiente hoy de su tarea en la Operación Verdad: “Yo lo primero que tengo que decir es que no tengo muchas cosas de las que arrepentirme porque, en aquel momento, hice lo que según mi conocimiento y mi formación debía hacer. Y estaba muy consciente de lo que estaba haciendo. Y ahora hago lo que, a la luz de los hechos, de la información, de los argumentos, de lo que he leído, de lo que he conocido, me parece racional. Ahora, en mi caso pasó simplemente algo. En aquel momento yo estaba casi seguro de que el problema no era el sistema, el problema eran todas las personas que hacían las cosas mal”.

Ávila fue apartado de sus tareas tras el encuentro con Alarcón, explica. Dejaron que se centrara en su tesis. Remarca que antes de eso él ya se había destacado como un “rebelde dentro del sistema” cuestionando incluso el liderazgo de Raúl y Fidel Castro. Ahora percibe que muchos blogueros del ámbito oficial están experimentando cambios y una evolución a medida que entran en contacto con otros pareceres y señala que a los guardianes del régimen no les agrada que estos jóvenes blogueros hagan amistad con círculos independientes.

El disidente afirma que quiere ver en Cuba, en el futuro, que las opiniones respondan a la espontaneidad de sus emisores más que a planes organizados. “Quiero discutir con hombres libres e independientes. Eso sí que se va a imponer. Eso sí es Revolución”.