La escritora Zoé Valdés
escribe hoy sobre el tema de las remesas y viajes a Cuba, a raíz de la controversia levantada por
dos posts de Yoani Sánchez sobre este mismo asunto. En su blog Valdés aboga por sustituir el embargo por un
"bloqueo férreo" contra los Castro y repudia lo que ella llama "La Teoría de la calderilla eterna":
Por cierto, es de una ligereza tan insoportable que se siga pensando que los cubanos deben ser engordados por el exilio mientras el ser cada vez se desangra más por falta de libertad, lo que sería la Teoría de la Calderilla eterna. Calderilla para criarle panza a los dictadores y sus secuaces, para que sigan haciéndose millonarios a costa del pueblo, ¿y la libertad? Como la malanga, desaparecida. ¿Cuánto más, 52 años más? ¿Y qué quieren, que el exilio siga trabajando para cebarlos y para colmo se sigan vendiendo como que ellos son los que valen y no nosotros, porque nos fuimos? Pues si quieren comer que se alcen, se liberen y trabajen, que en lugar de sembrar espías siembren boniatos, como mismo dice una querida amiga mía.
Valdés reclama acciones que conduzcan a los Castro ante tribunales internacionales:
(...) lo que quiero ahora mismo es que, en lugar de tantas cartitas para hacerle el juego a los de la ultraizquierda comunista millonaria, se redacte y se envíe una Carta con todas las de la ley, y con la fuerza moral que nos da la masacre del Remolcador 13 de Marzo, el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, el asesinato de Boitel y de Zapata, entre tantos otros crímenes cometidos por la dictadura, y esa Carta, que debería ser firmada por la mayor cantidad de cubanos exigiría a la ONU que los criminales Castro sean llevados a La Haya, frente a un Tribunal Penal Internacional.
En otro momento, la escritora señala que apostar por un 'raulismo light' resultaría una actitud semejante a la cobardía de los colaboradores del gobierno de Vichy:
Negarnos incluso esa posibilidad de soñar con la verdadera libertad de Cuba, y ponernos como meta restrictiva un cambio light con el castrismo, resulta de una bajeza infernal, y de una cobardía muy parecida a aquella que se vivió en Francia por parte de los colaboradores del gobierno de Vichy, y de los que se amansaron con Stalin hasta el último momento, y posteriormente con los soviéticos y el comunismo del Este, hasta que se cayó el Muro de Berlín, que si recordamos bien, se cayó a palo limpio, a pedrada limpia, y no dándole besitos y un quiero al muro.